Enero17

viernes, 11 de octubre de 2013

La Muerte...

La Muerte. La muerte ha sido desde que el primer hombre murió, causa de teorías e investigaciones, explicaciones diversas y tema recurrente en la mayoría de las religiones,







Aun hoy en día la muerte es un tema que fascina o atemoriza por igual.


Los antiguos egipcios pensaban que los muertos tenían dos partes la espiritual (Ka) y la personalidad (Ba). Ellos pensaban que el Ka seguía necesitando de sustento y herramientas para la próxima vida por eso los enterraban con ellos al morir.


Los antiguos Griegos creían en Hades, la personificación de la muerte que esclavizaba a los que debían morir.


Y así todas las civilizaciones a través del tiempo creen que hay algo más después de la muerte.


Poca gente cree firmemente en que la muerte es el final de toda actividad, tanto corporal como espiritual.


Pero lejos de querer extenderme en cómo entender la muerte y lo que sigue, mi entrada va a centrarse no en el muerto sino en el vivo, aquel deudo que añora al ser amado perdido.


Muchas de estas creencias o teorías son sin duda la negación intrínseca del hombre a morir, a dejar de existir en toda la regla. ¿Quién puede cuestionar el deseo de prolongar la vida en otros planos? ¿Qué pasa si esta actitud está basada en el conocimiento ancestral de la muerte? Es como diríamos un instinto, como el instinto de encomendarse a Dios cuando un problema es demasiado para nuestras posibilidades. 


Cada uno de nosotros a su debido momento enfrentara la muerte, de una u otra forma, listos o no.


La muerte acompaña a la humanidad desde que ésta tiene vida.


El dolor y la tristeza por el ser perdido es común a todas las creencias religiosas, nuevas o antiguas, cada creencia da ánimos o consuela de forma más o menos eficiente a quien la profesa.


No debemos preocuparnos por la muerte tanto como para dejar de lado la vida, es normal escuchar a quien ha perdido a alguien cuanto le gustaría decirle o demostrarle tal o cual cosa a su ser amado, porque no le he dicho cuanto lo amaba, cuanto lo extrañare o porque no le confesé tal o cual cosa. Los errores que cometemos durante la vida no los podemos enmendar después de muertos. La única paz que podemos tener en el corazón es cuando hemos vivido sin deudas con el muerto, es decir, cuando le hemos abierto nuestro corazón, pero ello cuando está vivo.


Mucha gente sufre y se desgarra de dolor, precisamente por esas deudas, piénselo, empiece hoy mismo a ser sincero con sus afectos, a ser coherente con sus sentimientos, aproveche la vida en lugar de sufrir la muerte.