Enero17

sábado, 10 de junio de 2017

Apuntes Breves: "La enfermedad de complacer a los demás" Dra. Harriet B. Braiker












Como millones de personas, tal vez usted padezca este problema tan común y tan dañino. Para muchos, todo puede empezar con la intención genuína y generosa de hacer felices a los demás.

Sin embargo, esta aparentemente inofensiva disposición a ser siempre amable, es decir, dar prioridad a los intereses de otros y complacerlos de una forma compulsiva poniendo en peligro la propia salud y felicidad, puede desembocar rápidamente en un grave síndrome psicológico con consecuencias físicas y emocionales de gran alcance.

Este libro le ofrece un revelador cuestionario con el que podrá descubrir si es usted una persona complaciente y de qué tipo es. Luego, la doctora Breiker le propone un plan de acción en 21 días para comprender y curar la enfermedad de complacer a los demás.

Únase a los miles de personas recuperadas de este síndrome y sea capaz de decir “no” a personas y situaciones en las que antes decía “sí”.



Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:
No trata sobre aquellas personas que son habitualmente amables y a veces se exceden al intentar que otros sean felices. La enfermedad de complacer a los demás es en verdad un problema psicológico que debilita a la persona que lo padece y que tiene consecuencias graes y de largo alcance.
Las causas se dividen en tres grupos principales: los esquemas mentales o formas distorsionadas del pensamiento, los hábitos o conductas compulsivas y los sentimientos o emociones que despiertan temor.
La conducta compulsiva se produce por la evitación de las emociones temidas y está soportada por un pensamiento distorsionado y defectuoso.
Usted mide su autoestima y define su identidad basándose en lo que hace para otras personas, cuyas necesidades insiste en anteponer a las propias.
Cuando usted tiene los esquemas mentales de una persona complaciente, cree que siendo amable se protegerá del rechazo de los demás y de posibles daños.
Las personas complacientes cuya enfermedad está esencialmente causada por una conducta habitual se sienten compulsadas a ocuparse de las necesidades de los demás a expensas de las propias.
Las personas complacientes cuyo síndrome está causado principalmente por la evitación de sentimientos incómodos que provocan temor pertenecen al tercer tipo.
Mientras la mayoría de las personas complacientes pueden identificar una causa dominante, es importante recordar que la enfermedad de complacer a los demás se compone de los tres lados del triángulo.
Complacer a los demás es un problema curioso. A primera vista, ni siquiera parece ser un problema.
Definir a una persona como “complaciente” es una forma muy dulce de calificar lo que para muchos representa un grave problema psicológico.
El dilema es que permanecer tan atento a las necesidades reales de los otros implica que usted haga oídos sordos a su propia voz interior que puede estar intentando protegerlo para que no se extienda demasiado en sus atenciones y se aleje de sus propios intereses.
Al ser usted tan amable otras personas pueden manipular y explotar su buena disposición a complacerlos.
Usted evita criticar a los demás para no ser criticado.
En el núcleo de su amabilidad existe un profundo miedo a las emociones negativas.
Si no es capaz de expresar los sentimientos negativos, sus relaciones simplemente perderán su autenticidad.
La evitación de los conflictos no es un ingrediente de las relaciones satisfactorias; por el contrario, es un síntoma grave de las relaciones conflictivas.
Las emociones negativas entre las personas son inevitables y usted debe aprender a expresarlas efectivamente.
Los sentimientos negativos reprimidos pueden emerger en forma de migrañas o jaquecas, dolor de espalda, dolor de estómago, alta tensión o una amplia variedad de síntomas relacionados con el estrés.
Diversos tipos de modelos mentales: modelos de pensamiento, creencias, reglas autoimpuestas, expectativas relacionados consigo mismo y con los demás, valoraciones del concepto de sí mismo y de su autoestima y, lo que es más peligroso, los modos de procesar todos los datos del pensamiento.
Si usted se siente rechazado o herido, lo atribuye a que no ha sido lo suficientemente amable.
Su pensamiento está contaminado y distorsionado debido a exigencias y obligaciones erróneas formuladas mediante expresiones que incluyen el término “debería”.
Los mandamientos de las personas complacientes:
Siempre debería hacer lo que quieren, esperan o necesitan los demás.
Debería atender a todos los que me rodean independientemente de que me pidan que los ayude.
Debería escuchar en todo momento los problemas de todo el mundo e intentar resolverlos.
Debería ser siempre amable y no herir los sentimientos de los demás.
Siempre debería dar prioridad a las otras personas.
Nunca debería decir “no” a nadie que me necesite o que me pida algo.
Nunca debería desilusionar a nadie ni abandonar en ningún sentido a los demás.
Siempre debería sentirme feliz y optimista y jamás demostrar ningún sentimiento negativo.
Debería intentar complacer a los demás y hacerlos felices en toda ocasión.
No debería agobiar a los demás con mis necesidades o problemas.
Debería cumplir todas estas expectativas definidas por los términos debería y no debería completa y perfectamente.
Los siete deberían perniciosos:
Las otras personas deberían apreciarme y quererme por todo lo que hago por ellas.
Las otras personas deberían aprobar lo que hago, porque me esfuerzo por complacerlas.
Las otras personas jamás deberían rechazarme ni criticarme, porque siempre intento vivir pendiente de sus deseos y expectativas.
Las otras personas deberían ser amables y cuidadosas conmigo a cambio de lo bien que yo las trato.
Las otras personas jamás deberían herirme ni tratarme injustamente, porque yo soy muy amable con ellos.
Las otras personas nunca deberían abandonarme, debido a que me necesitan por todo lo que hago por ellas.
Las otras personas jamás deberían enfadarse conmigo, porque haría cualquier cosa por evitar conflictos, enfados o enfrentamientos con ellas.
El doctor Albert Ellis inventó un juego de palabras con estos modos verbales auxiliares should-ing y must-urbating para transmitir el impacto destructivo de las exigencias personales.
De acuerdo con Ellis, los “neuróticos amables” son criaturas que se pertuban a sí mismas y que se siente infelices por el hecho de creer en tres debería o tengo que principales:
Yo tengo que hacer las cosas bien y complacer a los demás o ganarme la simpatía de personas importantes, de lo contrario seré un ser despreciable.
Tú debes tratarme amable y dulcemente y aprobar lo que hago, de lo contrario eres mezquino/a y estás equivocado/a.
Las circunstancias de la vida deben o deberían ser como yo quiero, de lo contrario la vida es terrible, un desastre o una catástrofe.
Lo único que usted debería hacer en realidad es eliminar la mayor cantidad posible de “debería” de su pensamiento.
Al reemplazar los términos siempre y nunca por un lenguaje más moderado como, por ejemplo, la mayor parte del tiempo, a veces o rara vez, usted evitará gran parte del estrés y la tensión que experimenta ahora al intentar satisfacer tan exagerados requisitos de tiempo.
Aunque como persona complaciente usted aborrece tanto criticar como recibir críticas, puede llegar a ser brutal cuando es usted mismo quien se ataca.
No hay nada inherentemente incorrecto o insano en establecer modelos elevados en diversos escenarios de la vida. Sin embargo, luchar por la perfección es una fórmula que puede desmoralizarlo y que garantiza el fracaso. Por el contrario, empeñarse en la excelencia resulta una buena motivación porque es posible alcanzarla.
Si se asigna a una persona un cierto rasgo de personalidad a una edad temprana, este se transforma en una parte esencial del concepto de sí mismo y dicha etiqueta tendrá un fuerte impacto en sus pensamientos y sentimientos y, por tanto, en su conducta a lo largo de toda su vida.
El término pensamiento mágico se refiere a un esquema mental que no distingue los pensamientos de los actos. En el cálculo conmovedor del pensamiento infantil un deseo es suficiente para convertirse en realidad.
Existen algunas formas de pensamiento mágico que pueden subsistir durante la vida adulta. En particular, cuando los pensamientos proporcionan alivio frente al miedo y la ansiedad pueden sostenerse durante décadas.
La idea de que la amabilidad tiene el poder de protegernos se deriva, por tanto, del pensamiento mágico infantil.
No es humano vivir con la carga de tener que ser amable todo el tiempo y con todo el mundo.
Está bien no ser amable todo el tiempo.
El mayor problema de creer en el poder protector absoluto de la amabilidad es que no funciona.
Si la vida fuera justa, las cosas malas sólo les pasarían a las personas malas, porque merecen tener problemas y ser desdichadas. La realidad es que las cosas malas también les suceden a las personas amables.
Ser cortés con alguien que lo está utilizando verbalmente como un saco de arena sólo sirve de recompensa para esa conducta abusiva.
La solución reside en reconocer que la persona cuya aceptación usted más necesita es usted mismo.
Si tiene usted que renunciar a sus propios valores, necesidades o identidad como individuo único y especial, el precio de la amabilidad es demasiado elevado.
En el núcleo del síndrome de complacer a los demás está la idea central de que los otros tienen prioridad.
Las personas complacientes puede perder el rastro de sus propias necesidades con suma facilidad por dar prioridad a los demás.
Cuando usted constantemente se agota a sí mismo y sufre de estrés por ocuparse de los demás, se está exponiendo a contraer una enfermedad, una depresión y otros graves problemas. Como resultado de sus buenas intenciones, los que dependen de usted también sufrirán.
Nadie quiere a una persona que da demasiado.
Una de las lecciones más duras que las personas complacientes deben aprender es que convertirse en mártires no es una forma de hacer amigos.
Cuando usted se muestra generoso de una manera extravagente y no se muestra dispuesto a recibir nada a cambio, sus motivos comienzan a ser sospechosos.
Las personas complacientes que dan hasta el punto de la abnegación y con una exagerada modestia pueden producir el efecto de que los demás se sientan avergonzados, incómodos e incluso despreciados.
Al permitir a los demás devolverle su gesto de generosidad, usted les estará haciendo un gran favor, pues los libera de su deuda.
Es completamente posible ocuparse de los demás y de sí mismo.
No siempre es mejor dar que recibir; el mejor equilibrio en las relaciones es dar y simultáneamente recibir.
Si no consigue enseñar a las otras personas cuáles son sus necesidades y manifestarles que ellas también tienen la responsabilidad de satisfacerlas, estará rodeado de problemas y engaños.
Usted tiene una relación peculiar con el tiempo. Nunca goza del tiempo suficiente para relajarse, divertirse, hacer cosas agradables o simplemente para dedicárselo a sí mismo. Por otra parte, su tiempo parece estirarse cuando se trata de cumplir con sus tareas, especialmente las destinadas a complacer a los demás.
A menudo parece que usted es lo que hace.
Una de las consecuencias de que su autoestima dependa de lo que usted hace por los otros es su incapacidad para delegar tareas.
Al mantener un control tan rígido sobre el trabajo y no delegar ninguna responsabilidad, usted impide que los demás aprendan, desarrollen sus habilidades, progresen en sus profesiones y potencien su autoestima.
Ser incapaz de delegar funciones también puede condenarlo a centrarse en la microadministración de todos los detalles del trabajo.
En cualquier contexto laboral, permitir que una sola persona se convierta en alguien indispensable es simplemente una mala gestión.
Otorgarse un premio al compromiso y a la productividad genera una tendencia que atenta contra el valor de las actividades placenteras y la relajación.
Casi nunca termina de hacer lo que cree debe hacer para los demás. Por lo tanto, rara vez tiene tiempo para sí mismo.
Es probable que piense que ser “duro” consigo mismo lo mostrarán como una persona meritoria ante los ojos de los demás. Lo más probable es que los demás lo consideren una persona desagraciada y acaso también amargada.
Quizá se sienta usted resentido y decepcionado porque las personas que lo rodean no parecen ser capaces de ocuparse de usted del mismo modo que usted se ocupa de ellos. Eso lo impulsa a no comunicar a los demás sus necesidades ni enseñarles a que se ocupen de usted. Ellos simplemente deberían saber hacerlo.
Decir “no” probablemente lo haga sentirse culpable o egoísta ya que usted equipara decir “no” a desilusionar o fallarle a los demás.
Ser capaz de decir “no” es poder establecer los propios límites.
Decir “sí” cuando realmente quiere decir “no”, ya sea para proteger sus emociones, su salud física o su bienestar general, lo hará sentirse culpable. Nunca funciona en el sentido contrario.
Usted razona equivocadamente que, si es indispensable, nunca lo abandonarán. Desgraciadamente, esta fórmula a menudo fracasa.
Nadie obtiene la aprobación de todo el mundo. La aprobación es tan adictiva precisamente porque está disponible sólo en algunos momentos.
La enfermedad de complacer a los demás alcanza cotas de adicción cada vez más altas en el momento en que su motivación inicial de conseguir la aprobación se convierte en un intento por evitar la desaprobación de los otros.
La fuente de aprobación más importante, duradera y eficaz es la aceptación de sí mismo.
Cuando los niños son amados incondicionalmente, reciben un mensaje verdaderamente importante; aprenden a distinguir entre su valor como seres humanos y lo correcto o incorrecto de su comportamiento.
La adicción a la aprobación no es siempre consecuencia de una actitud deficiente por parte de los padres.
Usted puede aspirar a la aprobación de sus padres, pero no la necesita para sentirse una persona satisfecha y feliz.
En las relaciones poco sanas el sentimiento preponderante es: “Te amo porque te necesito”. En una relación sana, el sentimiento es: “Te necesito porque te amo”.
Cuando una mujer complaciente se relacion con hombres controladores en el terreno sexual, puede sufrir violaciones muy serias y peligrosas, tanto físicas como psicológicas.
En el terreno del comportamiento sexual y de las relaciones con los hombres, la enfermedad de complacer a los demás puede ser una enfermedad mortal.
Ninguna persona merece que usted se desprecie o se rebaje de ninguna manera.
Cualquier pareja que se sienta amenazada o disminuida por su inteligencia, por sus logros, por su éxito o por su talento no es la pareja apropiada para mantener una relación satisfactoria con usted.
Si una pareja la ama de verdad, no intentará convertirla en una persona diferente.
Si no siente que un intercambio sexual es amoroso, es porque no lo es.
Nadie puede hacer que usted se sienta inferior si previamente no cuenta con su permiso.
Las personas complacientes no son víctimas inocentes, sino cómplices activos de sus iracundas parejas.
Asumir toda la culpa no es de ninguna manera lo mismo que aceptar su parte de responsabilidad en el problema.
Su tendencia a complacer a los demás produce un efecto exactamente opuesto a lo que usted desea: está premiando las conductas agresivas e inestables.
No le permita a nadie que lo haga sentirse una persona inferior, indigna o carente de méritos.
Debido al miedo y a la conducta evitativa que en un principio habían impedido que aprendiera a nadar, la profecía de morir ahogado puede incluso convertirse en una funesta realidad.
El impacto que tiene la recompensa negativa en su empeño por mantener sus hábitos complacientes es mucho más poderoso que el que puede tener cualquier recompensa positiva o consecuencia agradable.
Si usted se mantiene tan distante a fin de que nadie pueda hacerle daño, también estará demasiado lejos como para que puedan abrazarlo.
La supresión crónica de su ira puede ser tan perjudicial para su salud como descontrolarse con frecuencia.
Debe exponerse a las experiencias que le producen temor a fin de reducir su ansiedad y desarrollar aptitudes que le permitan afrontarlas eficazmente.
Si la supresión de las emociones negativas es algo prohibido en sus relaciones, el precio que pagará será el sacrificio de su verdadera intimidad, de su honestidad y de su autenticidad.
La paradoja es que usted terminará evitando ciertas amistades y familiares que suelen pedirle favores debido a su propia compulsión a complacerlos. Pero la realidad es que usted no quiere evitarlos ni aislarse.
Su miedo a la ira está basado en la presunción de que la ira siempre conduce a una acción agresiva, expresada deliberadamente o en forma de conflicto interpersonal.
El segundo concepto equivocado es que la ira actúa como un interruptor de encendido-apagado. De acuerdo con este concepto, uno está calmado y tranquilo o bien terriblemente airado e iracundo.
Las cuatro fases de la ira: la primera fase es la denominada ira amarilla, y comprende las primeras señales físicas y psicológicas que puede llegar a enfadarse; la segunda fase es la de encendido, la ira efectivamente funde sus fusibles; la tercera fase es la escalada, se relaciona con el nivel de intensidad de la misma; la cuarta fase es la de resolución, la fase de la resolución efectiva del conflicto, verdadera y eficazmente.
La ira tiene un propósito real e importante. La ira es la respuesta emocional que indica que algo va mal y que usted puede salir perjudicado.
Psicológicamente, la culpa y la depresión son meros reflejos de su ira, que usted dirige contra sí mismo.
El hecho de reprimir reiteradamente la expresión de la ira es la causa principal de las irrupciones descontroladas.
Los niños necesitan que los adultos se comporten racionalmente y de forma coherente para poder sentirse protegidos y seguros.
La sabiduría popular dice que es bueno desahogarse de vez en cuando.
Cuando se expresa la ira de una forma sana existe la posibilidad de analizar el problema mediante preguntas tales como: ¿Por qué has hecho eso? Su interlocutor percibe que usted está genuinamente interesado en la respuesta y dispuesto a escucharla.
Las palabras realmente pueden causar daño.
Con excesiva frecuencia se pronuncian afirmaciones mezquinas, gratuitas, maliciosamente críticas y destructivas, bajo el rótulo interesado de “sinceridad total”.
Cuando usted se ríe con aquellos que se burlan de usted, no solamente se desvaloriza, sino que los recompensa por su crueldad.
Si reflexiona sobre su infancia, probablemente no podrá describir ningún palo ni piedra que se haya cruzado en su camino o que le haya hecho daño. Sin embargo, no dudará en recordar con absoluta claridad las palabras que le han hecho un daño emocional, aunque hayan sido pronunciadas con un humor “bien intencionado” o “de corazón”.
La idea de que un conflicto puede ser sano y constructivo para una relación parece una contradicción.
Los sentimientos conflictivos que generan los problemas sin resolver se extienden destructivamente en toda su relación.
El conflicto y su resolución positiva son necesarios para el crecimiento personal y también para el progreso de la relación.
Tomar decisiones en vez de reaccionar de una forma servil le permitirá hacer todo aquello que verdaderamente desea realizar.
Usted tiene derecho de pensar antes de comprometerse a hacer nada.
Si se atiene a su mensaje, la otra persona no tendrá éxito a pesar de lo mucho que insista para convencerlo.
Aplique la técnica del bocadillo y coloque su respuesta negativa entre dos frases positivas. La técnica del bocadillo negativa, colocar el mensaje positiva entre dos mensajes negativos.
Su tarea en desmontar su esquemas mentales y reemplazarlos por una manera más sana de pensar.
Utilizar palabras como horrible, peor, devastador o terrible aumenta la intensidad de la ira.
Estos son los siete pasos para resolver de forma efectiva un problema:
Definir el problema como una decisión que se debe tomar.
Reflexionar cuáles son todas las alternativas posibles.
Reunir información relevante en un periodo de tiempo razonable.
Sopesar los pros y los contras de cada alternativa.
Seleccionar la mejor alternativa, o la más deseable.
Tomar una decisión.
Evaluar si la solución es efectiva; definir los problemas como decisiones a tomar.
No se disculpe ni se culpabilice por no solucionar los problemas ajenos.
Los demás llegarán a respetarlo cuando usted les demuestre que se respeta a sí mismo.